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1/3/10

yo y mis crisis...

Echo de menos esos dias en los que el gusanillo me mordia el estómago cada vez que la fecha se acercaba. La incertidumbre siempre ha sido una tortura, dulce en mi paladar, amarga para el corazón. Y vivo en ella, en la incertidumbre de no saber cuando sera la proxima vez, en la distancia de un aliento que me da vida, pero que cada vez siento mas lejano debido a las circunstancias. Se dice muchas veces que el tiempo y la distancia todo lo curan, en este caso todo lo hieren. Siento un vacio enorme en mi interior. No quiero sentir porque hacerlo significa dolor, y prefiero quedarme al margen de mis sentimientos, dejando que el frio vaya calando en mi.

Tengo clara mi condicion, tengo claro lo que deseo, tengo claro a quién pertenezco, pero si el destino no me lo permite, vale la pena morir en el intento? Me consumo en mi letargo, mas por el echo de saber que puedo herir, que por el hecho que me esté doliendo a mi. Pero es inevitable que una cuerda demasiado tensa se deshilache, y la cinta americana no es suficiente para unir los cachos que se han roto.

Ahora estoy aqui, frente a esta pantalla, escuchando musica, recordando momentos que un dia me llenaron de felicidad, y las lágrimas inundan mis ojos sin poder remediarlo. Me se fuerte, me se tenaz, pero la lucha parece interminable, y las fuerzas ya no son las mismas. Y tengo miedo, miedo a dejar de sentir para siempre, porque sentir me hace viva y me completa.

No puedo seguir escribiendo, ahora estoy colapsada. Tenía ganas de escribir y lo he intentado. No se si alguien va a poder entender mis palabras, me da la sensacion que ni yo me comprendo, pero aqui lo dejo, por si alguien es capaz de sacarme de mi madeja de lana torturada por un gato salvaje.

25/1/10

En mis días de soledad

Por circunstancias personales, hace muchos días que no nos encontramos, aunque no hayamos dejado de hablar ni un solo día. A veces pienso que la distancia me fortalece, me hace tener más ansias de llegar al siguiente encuentro, a veces la cuesta se me hace muy dura y más de una vez he pensado en tirar la toalla. Si dijera lo contrario mentiría.

Cuando vivo esos días en los que lo mandaría todo a paseo, pienso en todo lo que he vivido con Él, los grandes momentos, las risas, los llantos, todo. Y siempre acabo en la misma conclusión, mi sumisión es una necesidad para mí, no sé de otra forma de sentirme plena, necesito de la entrega para reafirmarme como el yo que tanto me ha costado reconocer que soy, pero no cualquier entrega. Supongo que habrá sido por suerte, o porque el destino así lo tenía planeado o porque los astros lo llevaban escrito desde el principio de los tiempos, no lo sé, pero he encontrado a un Amo con el que he podido expandirme y crecer desde la confianza absoluta. Cuando tengo en mente cortar con todo siento que jamás podré encontrar a alguien con quien tener tanta confianza. Veo muchos Amos 100% protocolarios, Amos prepotentes, Amos demasiado posesivos, Amos que se creen con derechos que no tienen (si no es porque la sumisa así lo aceptara), y miles de Amos más. Por otro lado veo demasiadas veces sumisas sacrificadas, en relaciones estancadas, con miedos infundados por culpa de la mala comunicación con sus Dominantes, dejando que sus Amos sobrepasen sus límites por miedo a ser rechazadas, y mil sumisas más. Y entonces pienso en la gran suerte que he tenido al iniciarme en manos de quién lo he hecho.

Siento que si un día mi relación con mi Amo se acaba, mi yo-sumisa, tal y como la siento ahora, se perdería para siempre. Podría entregarme a otras manos, si, pero jamás sería de la forma tan pura que lo hago ahora, ya no sería perfecto. Los límites que hoy por hoy he podido dejar en manos de mi Amo porque mi confianza es mayor que mis miedos, saldrían a la luz. Los miedos que dejé de sentir hacia lo desconocido por tener la certeza que nada puede pasarme, se harían públicos. Los sentimientos no serían los mismos. La confianza y la compenetración no podrían ser tan gigantes. El ojal y el botón parece que en nuestro caso han sido hechos a medida, y la belleza que eso entraña es tan grande que creo que es insuperable.

En esos momentos en los que lo mandaría todo al agua, miro dentro de mí, y después de reflexionar y comerme la pelota en si el sacrificio vale o no la pena, de pensar qué sería de mi en el caso que todo terminara, después de darme cuenta de nuevo que me siento la mujer más afortunada de la tierra,  pienso en las ansias que tengo de poder estar de nuevo juntos y así continuar mi viaje de Su mano.

1/12/09

Sumisa, sí. ¿Pero a que precio?

Muchas veces me pregunto el por qué soy sumisa. Mi conclusión es que lo soy por necesidad. Porque necesito entregarme, dar todo de mí, complacer y disfrutar de mi entrega. No es fácil llegar a ser consciente que una pueda necesitar de todo esto para encontrar su equilibrio cuerpo-mente. A veces creo que este equilibrio se desmonta, cuando los placeres de la carne son tremendamente gigantes, creo que mi mente ocupa un segundo plano. Entonces la razón pega un giro enorme y se pone en primer lugar. El vaivén de la balanza llega a marearme a veces.

Mi forma de entrega es total, en los momentos en los que estoy con mi Amo, doy todo de mí, pero fuera de estos momentos tengo mi vida, al margen de la sumisa que llevo dentro. Está el trabajo, la familia, los amigos, los proyectos personales,…en definitiva todo lo que ocupa el resto de mi vida. No soy 24/7, aunque gran parte del tiempo piense en mi Amo, en nuestra relación, aunque vista según sus gustos e intente estar siempre perfecta para Él. Y no es nada fácil compaginar todo, menos aun cuando tengo tal confianza en mi Amo que comparto mi vida, mis anécdotas con Él. Y aquí llegan los conflictos. El hecho que nuestra relación sea de grandes amigos y de Amo-sumisa nos lleva a veces a confundir el espacio que debemos ocupar en la vida del otro. A veces lo hemos hablado, pero poco a poco se invade un espacio que no nos pertenece, o esa es mi impresión. Hay demasiados factores que nos separan, hay un punto en común que nos une demasiado. Pero hay tantas cosas de por medio…

Soy consciente que la mayoría de las veces me dejo llevar, sentirme aprisionada por la relación me hace sentir bien, pero cuando me siento ahogada por la cuerda suelto el cabo de golpe. No quiero pagar un precio demasiado alto por mi necesidad de ser sumisa. El precio no está estipulado, pero me da miedo no ser capaz de asumir el valor de mis necesidades. Y los miedos son los que muchas veces me echan para atrás. Soy una persona muy independiente, soy de las personas que soluciona sus propios problemas, se enfrenta a sus retos de cara, sin pedir ayuda a nadie. Y a veces, se que quieren ayudarme, pero me cierro en banda, ya sea por no molestar, ya sea porque de mis cosas hago un reto personal, una barrera que debo saltar sola.

Tengo miedos, dudas acerca del precio de mi vida como sumisa. Soy sumisa, estoy orgullosa de serlo, porque forma parte de mí, porque lo soy desde el alma, porque mi destino lo lleva escrito desde que nací, creo. Pero mi vida al margen de la sumisión también tiene mucho valor para mí. Me ha costado demasiado forjar mi lugar en la historia de mi vida, como para entregarme más allá de lo que doy, que no es poco. Y en mi búsqueda del equilibrio cuerpo-mente, mi “yo sumiso” gana la partida a mi “yo” cuando estoy con mi Amo, pero mi “yo” gana al “yo sumiso” cuando estoy lejos de Él, y creo que así debe ser. Si no fuera así, ¿Qué sería de mi vida si no tengo a mi Amo a mi lado siempre? Estaría vacía. No tendría motivos para seguir adelante. Y eso es lo último que quiero, porque hay demasiadas cosas importantes en mi vida para seguir luchando.

Y sí, tengo una crisis emocional, una lucha interna sobre el precio de mi sumisión. Y como siempre intento ordenar mis reflexiones en una pantalla en blanco que, una vez escrita, acabo por preguntarme si mis palabras son cuerdas o rozan la locura. Pero aquí las dejo, en mi blog, para quien las lea, para quien quiera saber de mí. Y no me importa si alguien piensa que estoy loca, que soy mala sumisa, que tengo razón o que tengo la virtud de meter la pata hasta el fondo. Simplemente se que todo lo que doy, lo entrego desde el alma. Lo que no doy es el motivo por el que debo luchar si un día mi preciosa anubis muere.

26/11/09

Un lazo para ellas

Es triste que a estas alturas, en pleno siglo XXI, tengamos que tener un dia interncaional contra la violencia de género... Solo quería recordar a todas las mujeres que han sufrido malos tratos y mandarles un abrazo lleno de energia positiva. Y ya que estamos, hacer una aclaración:

BDSM NO es MALTRATO.

17/11/09

Reflexiones

Sigo dándole vueltas al asunto... No me caben en la mente tantas cosas vividas en tan pocas horas. El bullicio de sentimientos y de sensaciones me tienen cautiva en un enredo-lío-éxtasis-no-se-que-mas que ocupa mi cabeza la mayor parte del tiempo. Y cuantas mas vueltas le doy mejor-peor me siento.

Vaya, lo he vuelto a hacer, a vomitar todo lo que se me pasa por la cabeza tal cual. A ver si puedo explicarme para que nadie se haga un lío mayor que el que tengo yo ahora mismo...

Es la sensación que tengo, lo que me paso este finde, lo que mas o menos explico en la entrada anterior, lo que me tiene cautiva en este enredo. Las palabras de mi Amo, sus ojos, sus gestos, mi entrega, mi arrepentimiento, mi no-castigo,...

Ya lo dicen que no hay bofetada mas dolorosa que la que no se da. Y me dolió muchisimo. Si bien es verdad que habíamos hablado antes de lo que podía ocurrir, no significa que al haber ocurrido no me sintiera mal al ver la reacción de mi Amo. Es mas, aun me sigo sintiendo mal... El que sus palabras fueran: no puedo castigarte por algo que ya habíamos hablado antes. Y aquella mirada... me envolvió en cariño de celofan y me puso un lazo de comprensión. Me sentí tan diminuta, tan pequeñita ante Él...

El lunes lo estuvimos comentando, le di mil gracias por ser como es, por aceptarme, porque nuestra relación no haya cambiado después de los hechos. Que me dijera en palabras lo que me había demostrado en gestos el día anterior me llenó tanto que acabé derramándome en lágrimas de felicidad cuando corté la conexión con Él.

Y es que reafirmó lo que ya sabía de antemano: como Amo es el mejor que podía encontrar en mi camino, como persona es increiblemente mejor. Y repito lo que le dije entonces: me siento la perra mas afortunada del mundo por pertenecerle.

"Cuando te vi de rodillas, con el látigo en la boca, pidiéndome un castigo, se me cayó todo al suelo. No podía darte un castigo por algo que ya habíamos hablado. Por eso te puse la correa. Para que supieras que te siento mía. Estoy orgulloso de mi perra, y lo sabes". Estas fueron algunas de sus palabras que habitan en mi mente y se repiten una y mil veces en mis pensamientos.

Poco a poco mis remordimientos se van diluyendo, es verdad. El saber que no hice nada que no fuese consentido de antemano, me evade de mi sentimiento de culpa. Aunque no pueda quitarme del corazón la espina de haber hecho daño a alguien que me importa tanto...

Sigo navegando en sus palabras, en sus caricias, en sus besos, en sus golpes y sus humillaciones, en los placeres sentidos, y en los gratos recuerdos del fin de semana, que se han tatuado en mi mente y en mi alma. Sigo vomitando pensamientos que no se ni si tienen sentido... pero no tocaré ni una coma. Así son las cosas que mi retorcida mente y mi alma sienten. Y por encima de todo, el mayor sentimiento que ahora mismo aflora en mi interior es la gratitud. La gratitud hacia mi Amo por todo, pero sobretodo por aceptar a esta mortal tal y como es: con mis virtudes y mis defectos, mis risas y mis tristezas, mi orgullo, mis remordimientos y comidas de pelota,... Y no me cansaré de repetir mil y una veces GRACIAS.

4/11/09

De mis amigos de la sala

Hace unos meses que conocemos una serie de personas, anónimas en su mayoría, que son afines al BDSM. Solemos hablar de muchas cosas, aunque pocas veces hablemos del tema en cuestión. Hay muchas risas, alguna que otra "fantasmada", mas risas y mucho respeto y buen ambiente. Nos reunimos a diario en una sala de IRC (si me dan permiso los OP pondré el enlace a su web para quien quiera visitar la sala o escuchar su radio). Mientras estamos en la sala puedes leer las conversaciones de Amos y Amas con sus sumisos y sumisas,entre ellos, entre Doms y sumisos sin dueño, en fin, de todas las convinaciones que hay y por haber.

Esto nos invitó, a mi Amo y a mi, a hacer una reflexión de cómo se podría "catalogar" nuestra relación D/s. En su día ya hablé de mi opinión sobre el protocolo, de hecho el pensar así me ha traído mas de un dolor de cabeza, pero no es el tema del que escribo. En cuanto a dicho protocolo, nuestra relación es muy poco protocolaria, es verdad, pero en ningún caso nadie ha faltado el respeto a nadie por no "cumplir" una serie de normas que alguien estableció como bases para una serie de prácticas sexuales que puedan influir en un modo de vida y de ver la sexualidad. La gente de la sala que ha leído mi blog y me ha comentado sobre mis palabras, me hablan de la autenticidad de mis pensamientos y sentimientos sumisos, algunos han llegado a decir que soy una gran sumisa, otros incluso han envidiado el hecho que pueda sentir lo que siento (me halaga mucho que puedan decir ciertas cosas, aunque sigo sintiéndome una aprendiz que acaba de empezar con esto), y por el contrario, nosotros no nos regimos por ninguna norma preestablecida.

Mi condición de sumisa no me transporta a un estado de inferioridad frente a mi Amo, ni frente ningún otro Amo. Por encima de todo somos personas. Y en eso nos basamos. Cuando estoy con mi Amo, no interpreto ningún papel, simplemente mi persona es como es y así Él me acepta, igual que yo acepto a mi Amo en su totalidad. Es bello poder hablar de todo, que los dos opinemos y hagamos opinar, que la comunicación y la transparencia rija nuestro modo de ver el BDSM, que el disfrute mutuo sea el pilar de nuestra vida en común. Simplemente Su placer es el de saber que puede hacer conmigo lo que le plazca, y mi placer es saber que le pertenezco y lo mucho que disfruto siendo usada por Él.

En el canal hay muchas parejas que se basan estrictamente en el protocolo, a mi modo de verlo es demasiado frió, en la sala somos todos amigos y las formas sobran, lo que cuenta es el fondo. Y por suerte la gran mayoría de la gente accede a la sala, como quien va al bar de la esquina a tomar una cerveza con los amigos, da igual su condición, su edad, su procedencia o sus maneras, lo que cuenta es que nos une una afinidad y una muy buena amistad.

Desde aquí les mando un gran saludo a todos y un besazo. MUAKA!

5/10/09

En el silencio...

En el silencio te veo, severo. Siento las palabras que no dicen tus labios con la fuerza de un grito cuando me ordenas que haga algo... Cumplo tus deseos, que son los mios y siento tus placeres que son mi recompensa. No hace falta que digas nada, puedo leer tu mente, es poderosa, y me abandono a tus pensamientos, porque son los mios.

Cuando estoy en tus manos sabes que no necesito una orden, ni un castigo, ni un reproche, mi estado es el de entrega absoluta, soy tuya completamente. Disfruto cada momento que me usas, que manipulas mi cuerpo a tu antojo, que me perviertes con palabras y frases malsonantes para el resto de los mortales. Soy infinita, gigante, única y poderosa en tus manos, soy capaz de todo, de mas si tu lo deseas. Y no hace falta que digas nada, porque se lo que quieres de mi, y lo tienes.

Tu obra maestra, tu pedacito de barro, empieza a tener la forma deseada, y me siento orgullosa de no haberme quebrado, de no tener ninguna fisura hasta el momento. Tus manos siguen moldeando el barro, aunque solo queden los detalles, pero no vayas a terminar pronto con ellos, la imaginación es poderosa y aun hay tiempo de cambiar matices, luego vendrán los colores, las mezclas son infinitas...

En el silencio te veo, es una noche muy clara, la luna llena invade de luz mi habitación, y de nuevo pienso en ti, y en mi, y en todo lo que he crecido en tus manos. Una sonrisa se dibuja en mis labios pensando en la ultima sesión... (como dirías tu, jamás es la última, será la penúltima).

Cierro los ojos, intentaré soñar contigo.

29/7/09

¿Quien soy?

Muchas veces se me pasa por la cabeza una pregunta: ¿Quién soy?


Se que es una pregunta universal, pero en mi caso esta pregunta me azota cuando no se distinguir dónde empieza la sumisa y acabo yo, es decir, ¿dejo de ser yo misma, con mi carácter fuerte, mi manera de hacer y/o decir las cosas, ... para ser la perra de mi Amo?


Algunas veces me han dicho que una de mis cualidades es la de saber ser "señora" en la calle y puta en la cama, pero a mi no me da la sensación en ningún momento que mi actitud o mi manera de hacer cambie en una u otra situación. Soy de las que creen que con educación y buenas maneras una puede ir a cualquier sitio, y aunque lleve mi collar puesto por la calle, me comporto de la misma manera que cuando no lo llevo, y en la cama... tengamos una sesión mas o menos dura soy igual, se lo que me gusta, se cuales son las fantasías de mi Amo y se complacerle, porque se qué le da placer y a mi me encanta hacérselo sentir. Supongo que la naturalidad con la que me entrego es la que a veces me hace tener en mente la preguntita del millón, pero cada vez que lo reflexiono acabo diciéndome a mi misma que soy así, que no hay dos en mi, que soy la perra de mi Amo, pero con personalidad.


Algunas veces pienso que si no tuviera el carácter fuerte, si no tuviera clara mi personalidad, o si no me quisiera a mi misma tal cómo yo me quiero (modestia a parte), una persona en mi misma situación podría caer en un bucle del que no podría salir, es decir, mi "papel" de sumisa podría anularme como persona, para dejar de ser quien soy y convertirme en un puro objeto, sin mas personalidad y deseo que el de su Amo. Entonces qué seria de mi después de una sesión?


He leído en demasiadas ocasiones a sumisas que han caído en la desesperación por no sentirse más que nada cuando su Amo las ha dejado, por no encontrar un lugar que ocupar en su vida y necesitar complacer a otra persona, sea cual sea, para sentirse "algo". A mi parecer, esa búsqueda desesperada de pertenecer a alguien es fruto de una depresión de caballo. Otras veces, hablando con Amos en el chat, me han dicho que por ser sumisa tengo demasiado carácter, incluso me han dicho que se me tendría que domar con mano dura, todo eso por hacerme respetar, porque no creo que por ser sumisa todo el que se precie como Amo tenga el derecho de llamarme perra, puta o cualquier otra palabra que, fuera del ámbito personal con mi Amo, pueda ser ofensiva. Prefiero pecar de orgullosa y egocéntrica que dejarme pisar por nadie, y si me dejo humillar por alguien es por propia voluntad, no por llevar una "etiqueta".


He vuelto a hacer lo mismo que las 200.000 veces anteriores, pongo mis dudas sobre el papel para intentar "organizar" mi mente y acabo en el mismo caos. Pero soy así, una perra orgullosa de ser quien es, una persona con carácter, con gustos, con una personalidad fuerte, que sabe lo que quiere y lo que desea, y ahora mismo, hoy por hoy, mi mayor deseo es el de complacer a mi Amo, porque lo que recibo cada vez que le complazco es la mejor de mis recompensas.

6/7/09

Autocontrol

Cuando vuelvo la vista hacia mi punto de partida, indudablemente veo todo lo que he crecido como sumisa. A menudo intento recordar cuales fueron mis primeros pasos en el BDSM, mis primeros temores, mis primeras barreras que superar, mis primeras reflexiones y dudas, en cómo a cada pasito me sentía gigante frente a los demás mortales.


Una de las primeras lecciones de mi Amo fue la de controlar el clímax, llegar a rozar el orgasmo sin llegar a él, manteniendo el placer y la excitación al límite, hasta que Él me permitiera dar rienda suelta a ese placer. Recuerdo las primeras sesiones por Messenger en las que me obligaba a masturbarme una y otra vez sin dejar que me corriera, roznado el cielo cada vez pero sin tocarlo. El juego me gustaba, pero sin darme cuenta iba tomando un gran control sobre mi cuerpo y sus reacciones.


Ese control se perdía instantáneamente cuando Su puño se cerraba dentro de mí. La sensación de placer máximo empezaba en ese preciso instante, y a medida que esa mano jugaba en mi interior, los orgasmos se sucedían uno detrás de otro sin poder, en ningún momento, remontar el control de mi placer. Cierto es que en algún momento, cuando mi Amo me decía que ese iba a ser mi último orgasmo, solía aguantar un poquito, pero con el fisting el placer es tan extremo que no podía evitar estallar poco rato más tarde, en una explosión tan extrema que no me permitía moverme ni hablar durante un buen rato después.


Hace pocos días practicamos fisting, tanto mi Amo como yo misma nos sorprendimos de mi autocontrol. Mi Amo es consciente que con esta práctica se abre el interruptor de mis orgasmos y no puedo más que dejar que juegue conmigo hasta que apenas me queda aliento y soy incapaz de hacer nada que no sea intentar recuperar la respiración. Esta vez fue diferente, mi mente ganó la partida a mi cuerpo, y fui capaz de aguantar hasta que me dio la orden de darle todo lo que me estaba guardando. El orgasmo fue tan, tan grande que casi perdí el sentido, pero el placer que sentí mientras mi Amo jugaba conmigo no tiene comparación con ninguna otra sensación sentida antes.


Hoy por hoy ya no tengo la necesidad de acabar corriéndome cada vez que empieza la excitación, puedo sentir el placer con tal intensidad y tan al límite del orgasmo que parece que esté en un clímax interminable todo el rato. Más que dar otro pasito creo que he dado un gran paso, puedo correrme sólo cuando mi Amo lo requiere pero puedo sentir el más grande de los placeres cada vez que me somete.


Ahora veo que lo que empezó siendo un juego que yo creí que era para crearme adicción, para estar siempre pendiente de cuándo me dejaría terminar, cuándo podría dejar de estar al límite, cuántas veces tendría que aguantarme para que me concediera correrme, se ha convertido en el control de mi mente sobre mi cuerpo, hasta el punto de sorprenderme a mi misma, hasta el punto que mi Amo se siente orgulloso de mis progresos y yo me siento orgullosa de ser capaz de complacerle cómo y cuando Él desea que lo haga.

20/6/09

Protocolo

Yo a mi Amo siempre lo he tratado de "tu". Jamás lo he hecho por falta de respeto, supongo que la confianza, y el hecho de ser pareja además de Amo y sumisa, me hace extraño tratarlo de otra forma. Además es algo que mi Amo no me ha exigido nunca, por lo cual tampoco llegué a ser muy consciente de mi "falta". ¿Pero realmente se trata de una falta? Se que muchos Amos y sumisas que estén leyendo este post se estarán poniendo las manos a la cabeza, mucha gente valora mas el protocolo que muchas otras cosas, pero a mi parecer cada cual es libre de expresarse como desee, siempre que la otra parte no se sienta ofendida. Supongamos que estamos los dos tomando un café en el bar de turno con el familiar de uno de nosotros, ¿no sería ridículo tratarlo de "tu" en presencia de dicho familiar y que cuando este vaya al baño le hable de "usted", y después otra vez de "tu" y así sucesivamente cuando vaya a pagar la cuenta? Creo que el saber estar y la educación no solo esta en el tratamiento de una persona. Con una mirada puede imponerme, con un gesto puedo mostrar mi sumisión, mi gratitud. No creo que el lenguaje verbal sea tan importante cuando el lenguaje corporal dice todo lo que las palabras dejan de decir.

He leído miles de artículos que hablan del comportamiento de una sumisa delante de su Amo, y en presencia de otros Amos, de cuales son sus derechos y obligaciones. No quiero entrar en cuantas de estas normas he llegado a saltarme, si lo miro fríamente me sonrojo. Pero está mal si mi Amo nunca me ha corregido por ello? Volviendo la vista atrás en el tiempo veo que lo nuestro es muy poco protocolario en general. Jamás se me ha puesto un collar de adiestramiento, no hemos firmado un contrato de sumisión, no hicimos ninguna ceremonia con velas, vestidos negros y demás enseres cuando mi Amo me puso el collar,...

Este tema del protocolo surgió el día que fuimos a tomar café a casa de una amiga de mi Amo que es sumisa. El café de media mañana acabó convirtiéndose en una comida y una sobremesa que duró hasta mas de las seis de la tarde. El tema de nuestro rol no surgió hasta después de la comida. Al ser la velada tan agradable desde un principio vi absurdo que, al salir el tema de nuestros roles, tuviera que comportarme de forma distinta. Además fuimos a su casa como amigos, no como Amo y sumisa. Aun así mis dudas empezaron a golpear mi mente. Me había comportado correctamente? Cuando salimos de la casa se lo pregunté a mi Amo, a lo cual me respondió que simplemente fue un encuentro de amigos, y el protocolo sobraba. *

Supongo que en según que personas el protocolo es una norma infranqueable por su falta de saber estar, o por la falta de confianza, o por simple egocentrismo del Amo que quiere ser tratado como un ser lejano y con un status superior al de su sumisa. Repito, es una suposición. Si comparo mi relación con mi Amo de mis relaciones anteriores (se que las comparaciones son odiosas) puedo garantizar que en mi relación actual, la confianza plena es el pilar de todo lo que sucede entre nosotros. Entonces la pregunta es ¿si tenemos tanta confianza el uno con el otro, porque tenemos que marcar "distancias" en la forma de tratarnos? Que un señor, o señores hayan dictado unas normas me parece estupendo, pero no por cumplirlas al pie de la letra seré mejor sumisa o por no cumplirlas tan "a raja tabla" seré peor sumisa. Igual que no comeré gambas con las manos en un restaurante de cinco tenedores, pero nadie me dirá nada por hacerlo en casa, ¿porque se me juzga por no protocolarizar mi vida privada? Una vez me dijeron una frase que realmente acogí como verdad absoluta: Nos pasamos la vida buscando nuestra media naranja y nos pasa la vida sin habernos dado cuenta que somos la naranja entera. El hecho de pertenecer a mi Amo no me hace menos persona que Él. Por eso creo prescindible totalmente usar un protocolo que pone a la sumisa "por debajo" de alguien. Se cual es mi condición, se a quién pertenezco, respeto y confió en mi Amo mas que a nadie, no me hace falta nada mas.

Soy consciente que en determinados sitios o en determinadas situaciones tendré que comportarme como indica el protocolo, se que se me hará muy raro hablar de "usted" a mi Amo, pero lo haré, y se que no voy a decepcionarlo. Por suerte la educación y el saber estar es algo que he me han enseñado desde pequeña, solo hay que añadir algunos matices ... y ya está.


*aun tenemos pendiente una cena!

18/6/09

Mas... miedos

Recuerdo que hubo dolor, mucho dolor, mi cuerpo fue maltratado* hasta la saciedad. El dolor había dejado de ser doloroso para ser placentero, y esa sensación de placer extremo me sorprendió enormemente. El dolor unido al placer siempre me había gustado, mas aun desde que me inicié en el BDSM, pero la sensación de sentir placer sólo con dolor se escapaba de toda sensación percibida por mi cuerpo. Muchas veces habíamos comentado con mi Amo el hecho que muchas sumisas se llegaban a correr con solo el dolor, y que mi mente no era capaz de concebir tal cosa. ¿Cómo puede ser que una persona pueda disfrutar de ese modo? Y yo en aquel momento lo sentía en mi propia carne, sentía un placer infinitamente mayor al que jamás había sentido antes. Y el placer iba en aumento cuando mi Amo se detuvo.

En ese momento sentí miedo, más bien pánico. Estaba experimentando el mayor placer jamás vivido y sentía la necesidad de experimentar cómo sería la cumbre de ese placer, por otro lado estaba el saberme agotada por el castigo y no saber si mi cuerpo iba a aguantar mucho más.

Desde que empezamos a vernos, mi Amo siempre se ha parado en el momento justo en cada sesión, nunca ha querido ir más allá de lo necesario para que no se me hiciera la cuesta demasiado dura y me echara hacia atrás en la búsqueda de mis límites, siempre me ha dicho que si intentaba correr y me encontraba un muro, la ostia sería enorme, rebotaría con el muro, daría tres pasos atrás y me quedaría allí para siempre, por tanto el límite surgiría antes de tiempo, antes de poder evaluar si en el muro hay una puerta por abrir o un atajo por el que pasar. ¿Si se había detenido era porque ir más allá podía ser perjudicial?

No sabía si aquello iba a ser un muro, una puerta, una ventana o una grieta, pero esa sensación me pudo. Me avergonzaba la necesidad de culminar el placer, jamás le había pedido a mi Amo un orgasmo. Finalmente le pedí a mi Amo “más, por favor”. Me costó mucho pedírselo. Me preguntó qué era lo que me pasaba, le contesté que estaba a punto de correrme y necesitaba más dolor. Ante su sorpresa y mi petición se burló de mi unos momentos y acabó por darme lo que le pedía. Estallé de placer. En comparación con lo sentido anteriormente fue una explosión de goma2 al lado de un petardo de san Juan apto para menores de 3 años.

Durante muchos días le di vueltas a la cabeza (para no perder la costumbre). Si, realmente me sentí masoquista, obtuve el placer del dolor y solo del dolor. Pero esta búsqueda de placeres tan gigantescos y tan al límite de la resistencia de mi cuerpo dónde me llevaría… Un nuevo miedo se apoderó de mí. Jamás he pretendido prácticas aberrantes como algunas de las que uno puede ver en según qué películas, pero si aquel día el placer fue tan grande, ¿a mayor dolor, mayor placer? El hecho de que la búsqueda de placeres pueda llevarme demasiado lejos aun hoy me da miedo. No quiero hacer locuras ni caer en según qué torturas, me quiero demasiado. Mi gran suerte es que mis pasos son guiados por alguien que sabe qué tiene entre manos. Él sabe que soy muy fuerte, pero que también puedo ser demasiado frágil. Quiero explorar mis límites, más bien encontrarlos, pero no quiero pagar un precio demasiado alto para ello. Solo me queda seguir adelante, en mi búsqueda de la cumbre, paso a paso, poco a poco, de Su mano, hasta… quién sabe.


*consensuadamente, por supuesto.

17/6/09

En tus manos

Un día le dije a mi Amo "si quisieras matarme moriría feliz en tus manos". En ese momento estaba sumida en un estado de evasión mental profunda, y mi subconsciente me jugó una mala pasada. A caso quería morir? A caso creía que ya había vivido suficiente como sumisa?, la respuesta a ambas preguntas, por supuesto, son un NO rotundo. La verdad es que fue mi sentimiento de pertenecerle incondicionalmente el que me llevó a decir esa frase. De hecho los momentos vividos al lado de mi Amo, me han demostrado que puedo confiar ciegamente en Él. Jamás me ha propinado más dolor que el que puedo aguantar, jamás me ha humillado más que lo que mi mente es capaz de digerir y transformar en embriaguez, jamás una marca visible aunque me haya sometido mil veces mas fuerte que la primera vez, y mil ejemplos más. Por tanto tengo que dar la razón a mi subconsciente, podría poner mi vida en sus manos, porque se que va a cuidar de mi como al tesoro que soy para Él.

16/6/09

Confianza plena

Ese día habíamos quedado donde siempre, a mitad de camino. Estábamos en el hotel cuando sacó de su bolsa una aguja estéril y me la mostró. Él sabía que me daban miedo las agujas, aun así dejé que acariciara mis pechos y mi cuello con ella sin dejar de mirarle a los ojos. Aunque estaba aterrada mi confianza podía mas que mis miedos, y con una sonrisa en la cara me dijo que no iba a usarla, que llegaría un día en el que seria yo quien se la pidiera. En mis adentros pensé "jamás". Pero sus palabras empezaron a dar vueltas por mi mente como el eco de un órgano, que se difumina en la catedral, que parece que jamás termina de rebotar y empequeñece al mortal que lo escucha.

Recuerdo que, en los días siguientes, llegué a plantearme el anillado, incluso hablé del tema con una amiga que lleva piercings en pezones y clítoris. Tenía miedo de las agujas, pero sinceramente el tema empezaba a calar en mi. Le pregunté a mi Amo si quería que me anillara, o si su intención era anillarme Él con sus manos, Me dijo "no hace falta, se que lo harías por mí, lo tengo muy claro que lo harías, pero la recuperación es lenta, y puede infectarse, y eres demasiado valiosa como para ponerte en riesgo de nada. Por mi es como si ya lo hubieras hecho". La verdad es que tanto lo había meditado que sus palabras me "deshincharon", me quitaron la ilusión de lucir un par de aros preciosos. Pensé incluso hacerlo por mi cuenta, pero la recuperación impediría a mi Amo usar mis pechos durante un tiempo, y a Él le encantan mis pechos. Además no lo haría sin su consentimiento, pero realmente yo los quería? para no perder la costumbre me comí la pelota.

Días después, en una pausa de la sesión, me abalancé sobre su bolsa, cogí una aguja y la coloqué en su mano, y mirándole a los ojos cerré sus dedos. Me tumbé boca arriba, con los brazos y las piernas abiertas, para que hiciera lo que quisiera con ella. Miró la aguja, me miró a mi y la desenfundó. Como si fuera un apéndice de su mano me acarició con ella, el cuello, los pechos, el sexo, los muslos, el vientre. Mi respiración se agitaba, mi corazón latía con fuerza, y el miedo que sentía se fue convirtiendo poco a poco en abandono, en paz, en serenidad y excitación. Mi Amo volvió a enfundar la aguja y me preguntó por qué lo había hecho, mi respuesta fue muy clara, "porque sabes mis miedos, sabes en cada momento hasta donde debo llegar para que no surjan miedos en mi, y por tanto límites, y porque quiero que sepas hasta que punto confío en ti". A lo que me contestó "ya lo se, por eso no la he usado".

13/6/09

Pequeñas reflexiones, grandes conclusiones

Ese día me llamó por teléfono, yo estaba andando por la calle, sabía que era Él, contesté. Me dijo que estaba viendo unos modelitos que me encantarían, sabía que era cierto, conoce perfectamente mis gustos. Me preguntó si tardaría mucho en llegar a casa, contesté que unos diez minutos. Dijo que iba a ofrecerme Su collar, y que necesitaba saber el diámetro de mi cuello. Me emocioné, me sentí afortunada, feliz, eufórica, halagada,... Dijo que me llamaría al cabo de un rato. Aun recuerdo por dónde estaba al recibir la llamada, estaba mirando el escaparate de una joyería. Arranqué a correr hacia mi casa. El teléfono volvió a sonar, ya tenía la cinta métrica al rededor de mi cuello. Ya habíamos hablado del collar algunas veces, de su significado y su valor. Sé que hacía poco que nos conocíamos, aun menos tiempo que nos veíamos, pero mi Amo iba a ofrecerme el collar! Primero me embriagó un sentimiento de euforia, después siguieron algunas dudas, y finalmente las reflexiones.


Él es un Amo experimentado, hizo una apuesta conmigo y salió ganando (mejor no apostar nunca nada con Él), pero realmente estaba preparada para aceptar el collar? Era novata, ignorante, me faltaba tanto por aprender... Veía y leía experiencias de sumisas por la red, por la mañana, por la tarde, por la noche, quería empaparme de este mundo para saber más y más, para no ahogarme en él. Me aprendí mucha teoría, leí muchos contratos, y no estaba de acuerdo con muchas de las cosas que decían esos documentos, entonces, si no aceptaría firmar un contrato de sumisa, estaba preparada para recibir el collar? Uffff! Cuantas vueltas le dí a la cabeza, cuantas horas pensé si era merecedora de tal honor, llegué, como no, a una conclusión, si mi Amo creía que lo merecía era porque así era. Y siguió el torbellino de preguntas. Por que yo? Qué me hacía merecedora del collar? Por mas vueltas que le daba no sacaba respuesta. Seguí leyendo contratos, seguí con mis comederas de coco, el día se acercaba y aun me sentía inmadura, dubitativa, hasta que me paré y, como mala estudiante que siempre fui, empecé a subrayar lo que si aceptaría de cada contrato. Era la entrega, lo más importante era la entrega.

Recordé la primera vez que estuve con mi Amo, en lo que me dijo sobre mi forma de entregarme, mi espontaneidad, mi dar todo desde el alma, sin condiciones, sin esperar nada a cambio. Era eso lo que hizo que decidiera entregarme el collar. Muchas veces pensé en si tenía razón, pero yo ya había dado algún paso mas, y empezaba a mirar hacia atrás para ver si los pasos hechos eran firmes para seguir adelante. Ese no era más que otro paso, más importante, si cabe, pero otro paso que debía dar. Llegó el día, quedamos dónde siempre para ir hacia el hotel, estaba esperándome fuera del coche, con las manos en los bolsillos, su mirada altiva y su abrigo largo. Me hizo entrar en su coche, me quitó el pañuelo que llevaba en el cuello, me besó y me puso el collar. A medida, perfecto, precioso.


Una vez solos en el hotel me quitó el collar, nos bañamos juntos, estaba tan guapo ese día... le brillaban los ojos como nunca. Salí, le tendí una toalla y lo ayudé a secarse, y así, desnudos de ropa, desnudas nuestras almas, me preguntó: "sabes a quien perteneces?" "a ti, mi Amo", contesté, "y sabes quién va a usarte, cuidarte y protegerte siempre?" "tu, mi Amo", sin más protocolo, sin más preguntas, sin ningún contrato de por medio, de nuevo me puso el collar. En aquel momento surgió un nuevo sentimiento en mi, tardé algún tiempo en darme cuenta de qué era, pero se clavó en mi alma ese "algo" que me hacía sentir más que bien, y precisamente era "eso" lo que mi Amo quería de mi, ni la entrega, ni la obediencia, solo el tiempo me diría que eso que sentía era el hecho de saberme Suya. Lo demás, obediencia, entrega,... vendría solo.

12/6/09

El primer encuentro

Hacía un par de semanas que mi Amo y yo nos conocimos, fueron dos semanas intensas en las que mi Señor me sometía con frecuencia desde el otro lado de la pantalla, me ponía deberes, me decía como tenia que vestir, qué era lo que mas le gustaba, y poco a poco me fue mostrando algunas pinceladas sobre el BDSM. Los dos teníamos muchas ganas de encontrarnos cara a cara, pero la distancia lo hacía difícil. Soñábamos despiertos en el día que nos pudiéramos tocar por primera vez, el día que yo iría a su casa y haría todo lo que mi Amo quisiera, pero debo confesar que en el fondo tenía miedo, todo era muy confuso, aunque mi confianza hacia Él era total, no dejaba de estar yo en mi casa, y el hecho de meterme de lleno en su territorio me asustaba. Recuerdo que fue un miércoles por la noche, estábamos hablando tranquilamente cuando surgió la idea de quedar a mitad de camino, mi Amo propuso abrir el mapa y buscar un sitio donde encontrarnos, en tierra de nadie, y accedí con ganas, sin pensarlo. Pusimos fecha, seria el lunes siguiente, y empezamos a buscar el sitio. Esa noche a penas dormí pensando en la fecha, las siguientes noches, a medida que ese día se acercaba, fueron peores, estaba muy nerviosa, pero feliz y excitada a la vez.


Me dijo que me quería con tacón de aguja, medias negras, falda corta, y sin bragas, me dijo lo que haría conmigo cuando nos encontráramos, sólo faltaba que pasaran las horas, dos días antes ya tenía todo listo. Nunca olvidaré la grata sorpresa que me llevé cuando lo vi, apoyado en su coche, con las manos en los bolsillos, su abrigo largo y su mirada altiva. Simplemente bajé del coche, me acerqué a Él y le dije "aquí me tienes mi Amo". No quiero entrar en detalles sobre lo que pasó después, no pretendo excitar al lector, solo poner en situación los hechos y las conclusiones y cambios personales que he vivido en mi, por tanto dejaré este "trocito" en blanco. Hizo de mi lo que quiso, me sentí libre aunque las cuerdas me tenían presa, aunque jugara con mi cuerpo y lo usara como quien usa a un muñeco, probó un poco de todo conmigo, para comprobar mis límites, mis miedos, simplemente me abandoné, no surgió ninguno. Salimos gratamente sorprendidos de aquel encuentro, fue breve pero intenso, por la noche volveríamos a hablar por messenger y comentaríamos la jugada.

Mis ganas de complacerle y obedecerle, de darle todo lo que Él pedía y deseaba, fueron las que me llevaron a ser una pequeña marioneta en sus manos, pero estaba despuntando en mi un sentimiento que no sabía describir por aquel entonces, todo estaba pasando con mucha rapidez y casi no tenía tiempo de asimilar el remolino interno que, inparable, desmontaba y destruía todo lo que un día creí que yo era, para hacer crecer esa nueva yo que florecía en sus manos. Él me confesó que el encuentro había sido mucho mejor de lo que esperaba, que mi capacidad de entrega lo había sorprendido. Me pregunté durante mucho tiempo qué pudo sorprenderle tanto, yo era una "novata" que no había salido del huevo aún, y Él un Amo experimentado, con más de 24 años de sabidurías recopiladas. En qué podía diferir mi actitud con la de tantas sumisas que un día se entregaron a Su voluntad? Intentó explicármelo, no fui capaz de entenderlo en aquel momento, creí que sus alabanzas eran parte de su recompensa por "haberme portado bien". Más tarde aprendí que jamás dice nada que no sienta. Yo jamás hago o digo nada que no sienta. Ese fue el motivo de su sorpresa, ver y sentir que mi entrega iba más allá de la obediencia y la complaciencia, ver que todo lo que hacía y me dejaba hacer lo hacía desde dentro, con el alma. Aun tardaría mucho en darme cuenta de ello.